EL AMOR Y TENSIONES EN LA VIDA CONYUGAL

EL AMOR Y TENSIONES EN LA VIDA CONYUGAL

No existen matrimonios ideas sino reales, con sus luces y sombras, alegrías y decepciones, pero la revolución del evangelio nos enseña que podemos tener matrimonios más saludables. El apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo y preocupado por las comunidades cristianas nacientes, escribe la epístola de Efesios, donde encontramos varias perlas teológicas, profundamente unidas con la vida práctica; donde la fe y practica están profundamente entrelazadas. Hace unos días en la escuela dominical de nuestra Iglesia escuche esta interesante frase: “Nuestras acciones relevan lo que creemos”. Me impactó porque en realidad en la cotidianidad, muchos de nuestros lindos y elocuentes discursos se evaporan. En este contexto, esta carta nos brinda una serie de recomendaciones para la vida familiar, teniendo presente que estos comportamientos son el resultado de vivir una vida llena del Espíritu Santo.

Me parece muy relevante releer estas frases teniendo una perspectiva Cristocéntrica. El texto dice: Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo. Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor. Porque el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza y Salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo. Así como la iglesia se somete a Cristo, también las esposas deben someterse a sus esposos en todo. Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable. (Efesios 5:21-28 NVI).

De estas frases se desprende mucha riqueza para la vida matrimonial, pero en  algunas ocasiones, mal interpretadas e incluso lamentablemente han sido usadas para validar el machismo opresor y violento en las comunidades cristianas, que ha causado mucho daño. En mi consulta de terapia, varias veces he escuchado a mujeres piadosas que asisten a las iglesias, expresiones como: “mi esposo es la cabeza y yo me someto a él, aunque me maltrata, me humilla, manipula, es indiferente, tengo miedo cuando él se enoja”. Cuando escucho estas expresiones, internamente siento compasión, pero también mucho enojo, al ver como algunos maestros de la Palabra de Dios, validan conductas reñidas con el espíritu del evangelio, haciendo una lectura cultural del texto bíblico. Porque en las palabras y acciones de  Jesús de Nazaret siempre se releva un profundo amor y respeto hacia las mujeres de su tiempo, dignificándolas en una cultura patriarcal y dominante. E incluso Jesús tenia discípulas, quizás no del círculo de los doce, pero los evangelios muestran que las mujeres también le seguían.

Pero les invito a profundizar en estos textos. “Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo”. Es interesante que antes de hablar de una sujeción unilateral de la mujer al hombre, comienza enseñando de una sujeción mutua. Es decir, el matrimonio, como un pacto de amor y fidelidad, entendido también como un proyecto de vida compartido, nos hemos trasformado en una comunidad de amor y respeto, donde tenemos que aprender a sujetarnos mutuamente, que implica dialogar, tomar acuerdos, negociar, etc.

Después sigue agregando: “el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza y Salvador de la Iglesia”. Es interesante pensar en la metáfora de ser “Cabeza”, que muchas veces se asocia al poder, pero olvidamos anterior; “Así como Cristo es cabeza”. Aquí está la clave, el como Jesús entendía ser cabeza o tener autoridad, para el maestro de Galilea significaba estar al servicio de las personas, traduciéndose en gestos, donde el amor es traducido en cuidar, proteger, sacar la mejor versión de las personas, nunca en humillar, descalificar, aplastar, esto no es liderazgo cristiano, es patriarcado y machismo, lejos de la visión de Jesús, que siempre uso su poder y autoridad para servir. Calvino pensando en este pasaje decía que “ser cabeza es más compañerismo que reinado”.Después el apóstol sigue agregando “Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella para hacerla santa. “Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor”. Aquí existe una profunda demanda para el esposo, amar a su esposa, como Cristo ama a la Iglesia y se entrega en donación voluntaria por ella en la cruz del calvario.

Amar también implica aprender a dialogar y aprender a caminar juntos cuando los conflictos conyugales, que son parte de nuestra humanidad frágil, aparecen en la vida cotidiana. Los especialistas en relaciones humanas, argumentan que muchas los problemas se magnifican por las formas de enfrentar un problema conyugal, parental o entre amigos. Quizás el problema no era tan grave, pero la actitud como se comunica o resiste el problema daña mucho la relación. Por ejemplo, algunos enfrentan la diferencia de opinión con una actitud indiferente, burlesca, agresiva, critica y enjuiciadora, etc. Por eso es muy relevante cuidar las formas al enfrentar un problema o una crisis. Otro aspecto que ayuda en la resolución de conflictos en la vida matrimonial es buscar el momento y lugar apropiado para hablar de las tensiones que puedan existir. El lugar es muy importante, porque nos permite estar con más tranquilidad y concentrarnos en el diálogo. El tercer aspecto importante es aprender a enfocarse en la solución más que en el problema, porque es imposible cambiar el pasado, pero si podemos cambiar el presente y el futuro con las desiciones que podemos tomar en conjunto. Esto está muy unido a la vida emocional, donde los hombres tienden a soltar rápidamente los problemas e incluso no siempre están conscientes de los efectos de sus acciones, a diferencia de las mujeres, tienen una gran capacidad de recuerdo y tienden a retener, con una tendencia a rememorar los recuerdos negativos con más frecuencia. En este aspecto es importante, en nuestras diferencias, aprendamos a tener paciencia y perdonar una y mil veces, hasta que se logre una sanidad completa. Pero si no pueden lograr acuerdo en el conflicto, aun después de todos los esfuerzos, pida a un tercero imparcial que le pueda ayudar, su pastor o un terapeuta familiar.

Si nuestras familias, que son las personas más cercanas y tienen un conocimiento más profundo de nuestras vidas, que responderían frente a las preguntas ¿Cómo me definirías pensando en mis acciones? Si existiera la posibilidad de clonar a las personas y nos elijieran a nosotros ¿este mundo sería mejor?

Samuel Villa Oñate

Pastor Iglesia Bautista San Pedro de la Paz

Orientador Familiar, Mención Relaciones Humanas