DTM

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El año 2011, el connotado sociólogo de la religión Christian Smith publicó una influyente obra para la disciplina Searching: The Religious and Spiritual Lives of American Teenagers (Buscando: la vida religiosa y espiritual de los adolescentes estadounidense) en la que entrevistó a más de cien jóvenes y adolescentes de las más diversas tradiciones religiosas que es posible encontrar en el contexto estadounidense.

Una de las principales conclusiones a las que Smith llega en su libro consiste en señalar la creciente desarticulación religiosa de las nuevas generaciones. Esto quiere decir que, luego de multiples entrevistas, Smith se da cuenta  que un  porcentaje importante, sino mayoritario de los adolescentes americanos son incapaces de resumir o explicar a otros los contenidos fundamentales de su fe o dar cuenta de su particularidad. Todo, sin importar la denominación particular del adolescente  (católico, judío, budista, protestante o evangélico)  

Con esta consideración en cuenta, el autor intenta ofrecer una cierta sistematización de los aspectos más recurrente de esta nueva espiritualidad juvenil de los Estados Unidos. Para ello, acuña un de los conceptos más\ influyentes de la sociología de la religión en los últimos 10 años, a saber, la espiritualidad juvenil como un  “Deísmo Moralista y Terapéutico” basado en un credo espontaneo de 5 puntos:

  1. Un Dios, que creó y ordenó el mundo,  ahora mira desde lejos la vida humana del mundo que creó.
  2.  Dios desea y quiere que las personas sean buenas, agradables y justas entre sí, tal como lo enseña La Biblia y la mayoría de las religiones mundiales
  3.  El objetivo central de la vida es ser feliz y sentirse bien con uno mismo.
  4. Dios no necesita estar particularmente involucrado en la vida de las personas, excepto cuando es necesario para resolver un problema.
  5. La gente buena va al cielo cuando muere.

Para Smith, esta forma de espiritualidad no es exclusiva de un solo grupo. Y si bien se manifiesta entre jóvenes católicos y protestantes liberales, también puede esta presente entre judíos, budistas, musulmanes o evangélicos.

Es importante notar, que ningún adolescente, joven o adulto usaría esta designación para describir su espiritualidad propia, en la medida que ella es el producto de una reflexión que se sistematizada. Del mismo modo, es poco probable que una persona cuente con la integralidad de estos cinco puntos, pues en la mayoría de las ocasiones existen matices y énfasis que cargan la balanza en una determinada dirección.

A continuación, una sucinta explicación de los elementos que componen esta espiritualidad.

a. Moralismo.

El moralismo es, ante todo, una forma de aproximarse a los problemas cotidianos de la vida. La premisa que lo sostiene como modelo consisten en afirmar que, para llevar una vida buena y feliz, hace falta ser una persona justa, buena y moral. Esto se traduce en ser una personalidad amable, cordial, gentil y responsable. Trabajar constantemente en la superación personal, cuidar la propia salud y trabajar duro para ser exitoso, son solo algunos de los aspectos que esta forma de moralismo enfatiza.

Smith ejemplifica este punto con el testimonio de un joven mormón de Utah que de diecisiete años al preguntarle en que consiste su religión:

“Creo, bueno, toda mi religión consiste básicamente en tratar de ser bueno, y si no lo eres, entonces deberías tratar de mejorar, es todo”.

Ser moralistas significa entonces, tratar de ser amable, que los demás gusten de ti. Es decir, no ser socialmente disruptivo y no alejarse de la medianía del comportamiento socialmente valorado. Ser una persona moral, o en palabras de los mismos entrevistados es “no ser un imbécil”

b. Terapéutico.

La dimensión terapéutica de esta espiritualidad consiste básicamente en su capacidad de proveer de beneficios (terapéuticos) a sus adherentes. En palabras del propio Smith:

“Esta no es una religión de arrepentimiento del pecado o de guardar Shabbat, vivir como un sirviente de la soberanía de Dios, hacer oraciones firmemente, observar las fiestas religiosas, construir carácter a través del sufrimiento o disfrutar de la gracia de Dios. Lo que parece ser dominante entre estos adolescentes es, más bien, sentirse bien, felices, seguros y en paz. Se trata más bien de alcanzar el bienestar subjetivo y ser capaz de resolver problemas”

El carácter terapéutico de la espiritualidad juvenil, que se manifiesta en una legitimación de la religión por sus beneficios personales y sociales, parece ser uno de los rasgos más característicos del panorama religioso contemporáneo y también, uno de los responsables del crecimiento explosivo de algunas tradiciones religiosas alrededor del mundo. O al menos eso es lo que parecer sugerir las investigaciones más influyentes sobre el pentecostalismo en América Latina de la mano de David Martin y Christian Lalive.

En un mercado de la religión cada vez más amplio, se escoge entonces la religión y la comunidad de pertenencia a la misma, no por su carácter veritativo o por la coherencia de su sistema doctrinal. Muy por el contrario, la capacidad de la religión de ayudar con los problemas personales, proveer de amigos, redes de apoyo, contactos y una comunidad de referencia adquieren protagonismo a la hora de la auto-identificación.

Smith cree que es precisamente esta noción terapéutica una de las razones por las cuales los jóvenes y adolescentes están tan poco articulados en torno a su fe. Mientras se esté feliz, por qué molestarse en ser capaz de discutir o dar razones acerca de las propias creencias.

c. Deísmo.

Por último, el Deismo que en su versión original ilustrada consiste en la creencia en un Dios que luego de crear un mundo perfecto y armonioso, se retira del mismo para que éste quede gobernado en un perfecto equilibrio por las leyes de la naturaleza. Es la idea que tienen los padres fundadores de Estados Unidos sobre Dios, pero también filósofos de la ilustración francesa como Voltaire y Diderot.

Ahora bien, este Deísmo a diferencia del iluminista cuyo apogeo tiene lugar en el siglo XVIII es menos estricto, pues está moderado por la dimensión terapéutica. Esto quiere decir que Dios se involucra en la vida de sus hijos, pero solo cuando se le llama o se le pide. Cuando se presenta un problema o dificultad, se invoca selectivamente la presencia de Dios, reconociendo su carácter omnipotente y soberano, capaz de acabar con cualquier mal o resolver cualquier encrucijada.

Dios no es trinitario. No habla a través de la revelación del Corán o la Tora. Nunca resucitó de entre los muertos y no transforma a la gente a través de la mediación de su Espíritu. Este Dios no es demandante y de hecho no puede serlo, dado que está allí casi de manera exclusiva para resolver nuestros problemas y hacernos sentir bien. En definitiva, señala Smith, el Dios del Deísmo Terapéutico Moralista (DTM) es una mezcla entre un mayordomo divino y un terapeuta celestial. Esta siempre a nuestro servicio, se encarga de cualquier problema que pueda surgir, ayuda de manera profesional a que la gente se sienta mejor, pero no se involucra personalmente en el proceso.

Probablemente lo más complejo respecto a la visión de Dios del DTM, es que dada su caracterización como un genio de la lámpara, si no cumple deseos o no responde las oraciones o peticiones, sus adherentes están facultados legítimamente para enojarse o hasta rebelarse en contra de él.

El DTM no es particular a ninguna tradición religiosa. Se puede pensar en católicos, evangélicos, protestantes, mormones, musulmanes y testigos de Jehová que, a pesar de sus marcadas diferencias, comparten este rasgo común. En efecto, según Smith, estos creyentes disfrutan la particularidad de su tradición religiosa en su llamado personal al mismo tiempo que enfatizan los beneficios de esta homogénea, compartida y armoniosa fe interreligiosa. Esto ayudaría a explicar el dramático descenso del conflicto religioso entre los adolescentes. Si todos comparten el DTM como base común y primordial ¿sobre qué se puede polemizar?

d. Claves para combatir una espiritualidad superficial

a. Recuperar la noción de la primera iglesia

Uno de los males contemporáneos es desdibujar el papel de la familia en los procesos sociales. Es preciso recordar que, antes que la iglesia local o la iglesia conciliar, la primera iglesia es la familia, y por lo tanto, es ella la primera responsable de la educación de los niños en la fe, no un colegio confesional, la catequesis o la escuela dominical. Ambas instancias son espacios de consolidación e intercambio de procesos que deben tener origen en el seno familiar

b. Recuperar la educación confesional

Con el fin de proveer de herramientas apropiadas para enfrentarse a la cotidianidad, muchas comunidades son presas de la superficialidad teológica. En este punto, un buen inicio puede ser la recuperación de documentos confesionales propios de cada tradición. Estos son recursos que, por sus sistematicidad y orden, pueden ser utilizados desde muy temprana edad, aunque con mediación y adaptaciones al lenguaje actual.
No es necesario pretender hacer grandes descubrimientos o buscar crear un material innovador. Los catecismos y confesiones de fe,  fueron creados con el propósito de enseñar a niños y jóvenes e introducirlos al seno de una fe sustantiva. Negar su importancia y utilidad es pasar por alto la experiencia y vivencia de cientos de hermanos que nos precedieron en la fe.